lunes, 1 de enero de 2018

Texto ganador del I Concurso de microrrelatos para el teatro en la Categoría de Resto de Comunidad Educativa: " AM-PUTA-CIÓN/ Carcel de Amor" de Emilia Oliva García, Profesora.



AM-PUTA-CIÓN
CÁRCEL DE AMOR
(dos escenas)
de
Emilia Oliva García
Texto ganador, en la modalidad "Resto Comunidad educativa", en el I Concurso de Microrrelatos para el Teatro "Somos Iguales" 2017 del Ampa Maltravieso del IES Al-Qázeres


AM-PUTA-CIÓN

Padre, padrastro, padrenuestro.
La súplica, la oración, la suplantación, comienzan aquí, en la entraña misma del diccionario, rumia la feminista la lista de palabras, una a una, sin saber adónde le llevan, con una vaga intuición, que no es sólo una cuestión de géneros, de “miembros” y de “miembras”, que les ponen las más de las veces en ridículo.
Tropieza en las palabras y cae en lo que esconden, marrulleras. Tan inocentes sobre el papel, tan en fila india sus letras en negrita, sin romper un plato, inocentes.
Padrear. Sí, sí, inocentes. Esconden, viscosas, la función del macho, el orgullo de la estirpe, el linaje, la ralea. La erre, ayudante necesario.
Padrino, padrón.
La pe se le revela con un sentido escondido, a la cabeza de la preferencia, de la pertenencia, de la posesión, de la ignominia, de la vergüenza, que mira tú por donde es el otro significado de padrón.
Palabra. Verbo de Dios, que no de diosa. Piensa, ¿quién te piensa en la lengua que usas?
Papa, pontífice.
La verdad absoluta, la infalibilidad negada a la mujer desde el mismo comienzo de la palabra, el poder de la verdad nunca en boca de mujer, la verdad.
Partido, partidismo.
La mujer excluida, relegada, apartada del núcleo del poder.
Patíbulo.
Que la fulmina, la ningunea.
Patriarcado.
Que la vuelve madre, invisible, sin peso.
Patrimonio.
Salta de palabras, arrastra las pes como cadenas, como piedras danzándole en la boca.
Pazpuerca. Aquí están, todas, con sus bilis y sus pinchos. De pe a pa nos recorren, nos ensucian, nos cercan.
Pecado. Prostíbulo, prostituta.
Están todas aquí, ¡sí!
Protervia. Con maldad.
Protestar. Con la fe.
Protestantismo.
Desde los siglos de los siglos.
Protocolo, protutor, pubis, pudicia, pudridero.
Agazapadas.
Puérpera, púlpito.
Fraguando la conciencia, ¡traicioneras!
Pundonor.
Inculcando la culpa.
Pupitre.
Marcando a fuego.
Puta.


CÁRCEL DE AMOR

Se había acostado con el peso de la infidelidad consumada en la conciencia. Mientras el ave del deseo le mostraba los barrotes de la cárcel de amor, se quedó dormida. Soñó que despertaba en un lugar lóbrego, oscuro como la noche, en medio de un denso silencio que nada turbaba. Avanzó las manos para ver y se golpeó los nudillos. Al intentar girarse, no pudo. Pensó que dormía. Pero extendió las manos y recorrió la superficie pulida y fría de una tabla, que creyó de pino. Olía a fondo de bosque en día de niebla, a humus y carne de lombriz. Intentó incorporarse. No pudo. Su cabeza chocó con la madera. Sospechó que estaba encerrada en una caja. Sin duda es un sueño, se dijo, todavía sin miedo. Se pellizcó, a diestro y siniestro, y descubrió, con asombro, que no dormía. Voy a abrir de verdad los ojos, se dijo mentalmente. Ya los tenía abiertos. No veía nada. La negra oscuridad la envolvía. Lúcida, lo supo de golpe. Estaba enterrada viva.


Se despertó, jadeante, a punto de gritar. Un sudor frío le calaba los huesos. Tuvo miedo de abrir los ojos. Extendió las manos para ver y se golpeó las manos contra lo que pensó era una puerta. La recorrió a tientas. No encontró cerradura, picaporte o mirilla. El aire se le hacía escaso, la respiración pesada. Se dijo que era una pesadilla, que despertaría. Se pellizcó los brazos. Se armó de valor y abrió los ojos. No veía. El olor al humus de los bosques la envolvía. La humedad reptaba por su cuerpo con el tacto viscoso de un cuerpo de lombriz. Sentía la lengua embarrada, arenosa, turbia, como de quien ha comido tierra. Recordó el sueño del que había salido, la caja, ella enterrada viva.


Se despertó al oír su grito. Sintió dolor al choque de su frente en la tabla. No pudo incorporarse. Ahora el silencio se había roto, el aire se había vuelto espeso, como barro, y oía latir su corazón que golpeaba rabioso en las sienes. Más allá, fuera, lejano, en sordina, un gemido, un golpear de puños en la tierra: por tu culpa, por tu culpa, le llegaba, desde fuera, apenas descifrable, envuelta en el gemido, la voz





 PROPUESTA DE PUESTA EN ESCENA

AM-PUTA-CIÓN

Dos personajes. Una mujer. Pasos y voz de hombre que no llegamos a ver.

Una mujer de mediana edad, en una habitación. Mesa, silla, libros sobre la mesa, tampoco muchos. Monólogo. Lee el diccionario manual VOX ilustrado de la lengua española, la letra P. Lee con denodado interés. Pronuncia las palabras del diccionario como masticándolas. A veces con rabia. Luz general casi cegadora. La mujer camina en espiral, a medida que avanza el texto, la luz va volviéndose más tenue hasta quedar reducido en un haz de lux poco más grande que ella. A medida que asocia intenciones ocultas a las palabras, la agitación va en aumento. El ritmo se acelera. El ruido de un tic-tac de reloj de fondo desde el inicio. El sonido del reloj se va transformando en los pasos que se intensifican hasta silenciar su voz. El sonido de los pasos desaparece en la palabra “puta” dicha por un hombre. Oscuro. Tic-tac del reloj en la escena.

Se trata de ir de más a menos, desde la luz a la oscuridad, del sonido al silencio, del movimiento a la estaticidad, de la libertad a la opresión...

CÁRCEL DE AMOR

El hombre, iluminado con un foco cenital rojo en un extremo del escenario, en segundo término, dando paletadas de tierra, pala y tierra, físicamente en el escenario. Después de tres o cuatro paletadas, la mujer, en el otro extremo del escenario, comienza a aparecer iluminada cenitalmente en blanco. Dos planos que coexisten al mismo tiempo. Las acciones de él, alimentan las acciones de ella. Cada palada de tierra que echa él, genera acciones en ella, limitadas por un estrecho cubículo invisible. Al final solo queda el hombre repitiendo “por tu culpa” o “es culpa tuya”, como si la repetición le diera la razón sobre lo que hace, mientras se hace oscuro. Una voz en off, la de la mujer, transmite su pensamiento.

Silencio, sólo el ruido del cuerpo de la mujer, de sus gestos. Voz de hombre, gemidos y golpear de puños en la tierra, en sordina.

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